«La Fundación Munasim Kullakita nos brindó apoyo educativo para mis hijos y un espacio en el Centro Día donde encontramos contención y fuerza para salir adelante.»
Mi nombre es Junnycer del Carmen Magallanes Smith, nací el 20 de agosto de 1990 en Venezuela. Soy casada, tengo dos hijos y un hermano. En mi país trabajé en el área de recursos humanos en una empresa e inicié la carrera técnica en contaduría. Por la situación económica y en búsqueda de un entorno seguro para mi familia, salí de Venezuela rumbo a Perú, donde estuve refugiada durante 7 meses.
Posteriormente decidí trasladarme a Bolivia, ingresando por la frontera de Desaguadero en febrero de 2020. En ese periodo esperé con mucha fe la llegada de mi hija, a quien había dejado al cuidado de mi madre en Venezuela, logrando reencontrarme con ella meses después.
Actualmente vivo en La Paz y trabajo con esfuerzo en la venta de postres y dulces artesanales para salir adelante. Vivimos en condiciones muy sencillas, compartiendo espacios básicos con otras familias en situación similar.
La Fundación Munasim Kullakita ha sido un apoyo fundamental para nosotros: facilitaron apoyo educativo para mis hijos y nos abrieron las puertas del Centro Día. En este espacio, junto a otras mujeres, compartimos experiencias, fortalecemos nuestra autoestima y trabajamos en nosotras mismas. Estoy profundamente agradecida por el acompañamiento y el trato humano que hemos recibido.
«En Casa Luz Verde encontré un espacio de respeto, talleres y acompañamiento donde compartir mi historia y recibir la orientación legal que me permitió obtener el refugio oficial en Bolivia.»
Me llamo Oswaldo Pérez, tengo 31 años y nací en Apure, Venezuela. Crecí al lado de mi madre y mi abuela materna, quienes fueron mi soporte durante la infancia ante situaciones muy difíciles de violencia que me marcaron profundamente.
En mi país trabajaba en el área de sistemas informáticos, pero la profunda crisis económica y la persecución política me obligaron a salir en marzo de 2020. Recorrí Colombia, Ecuador y Perú hasta ingresar a territorio boliviano por el paso fronterizo de Desaguadero.
Como persona perteneciente a la población LGTBIQ+ en situación de movilidad humana, enfrenté episodios dolorosos de discriminación y violencia intrafamiliar. Al llegar a La Paz viví en zonas como Chasquipampa y Villa Fátima, hasta encontrar a personas solidarias que me brindaron techo y apoyo para estabilizarme.
Desde mi llegada, la Fundación Munasim Kullakita me acogió en las actividades y talleres de Casa Luz Verde. Allí compartimos nuestras historias de vida y encontré un espacio seguro libre de discriminación. Además, su equipo legal me asesoró en el trámite ante la Comisión Nacional del Refugiado (CONARE), logrando que se me otorgara el estatus legal de refugio en Bolivia para comenzar de nuevo con tranquilidad.
«El hogar de la fundación fue el pilar donde aprendí que podía salir adelante. Hoy dirijo un equipo de 15 personas y tengo mi propio emprendimiento por mis hijas y mis padres.»
Mi nombre es EYC, tengo 21 años. A mis 14 años, debido a dificultades económicas familiares, ingresé a un colegio nocturno donde conocí amistades que me llevaron a la dinámica de calle en la Ceja de El Alto. Durante varios años viví situaciones muy difíciles, expuesta a peligros constantes y malos tratos, mientras mis padres intentaban buscarme incansablemente.
A los 17 años conocí a los educadores de la Fundación Munasim Kullakita, quienes me invitaron al Centro Abierto para acceder a servicios básicos de higiene, alimentación y escucha. Tiempo después, embarazada de mi primera hija, decidí alejarme de la calle y acepté ser acogida en el hogar transitorio de la fundación durante más de 9 meses. Allí encontré comprensión, afecto y las herramientas para empezar a reconstruir mi vida.
A pesar de haber tenido recaídas posteriores y enfrentar la privación de libertad de mi expareja, acudí al Centro Escucha de la fundación con la firme determinación de cambiar. Retomé el contacto con mis padres y comencé a trabajar en la panadería de Tilata (Casa de la Ternura – Postegreso). Aprendí el oficio del horneado, asumí la responsabilidad del horno, abrí mi cuenta de ahorros y, dos años después, recibí capital semilla para iniciar mi propia panadería y venta de rollos de queso.
Hoy dirijo un equipo de 15 personas en una empresa de servicios de limpieza, manteniendo además mi actividad productiva. Mis hijas y mis padres están orgullosos de mí. A los jóvenes en situación de calle quiero decirles que todo tiene consecuencias, pero siempre es posible salir adelante si buscan ayuda a tiempo. Agradezco de corazón a la fundación por no haberse rendido jamás conmigo.
El Hogar Transitorio de la Fundación Munasim Kullakita, obra social de la Iglesia Católica, protege a niñas y adolescentes víctimas de trata de personas y delitos conexos. Brinda atención integral para restituir sus derechos mediante un equipo multidisciplinario que trabaja en áreas como: